miércoles, 28 de julio de 2010

La Divina I


A mis doce años ya había caído yo en el vicio de leer las críticas cinematográficas de los periódicos y estaba algo más informado que mis amigos, que elegían simplemente por los títulos y las fotos de la puerta. Y así, un domingo elegí Grand Hotel porque sabía que acababa de ganar el Oscar. Y me quedé solo. Los demás de mi panda se fueron a la de Tarzán.
Ya era viejo amigo mío Wallace Beery, desde su estremecedor Champ, con Jackie Cooper; también lo era lionel Barrymore; pero el hermano de este último, John, no me caía del todo bien; y Greta Garbo, aunque quizás ya supiese que era "la Divina", me caía francamente mal. A Joan Crawford casi no la conocía más que por fotos de publicidad.
(...)
La angustiada humanidad del oficinista Barrymore me prendió enseguida; la provocativa sexualidad de la mecanógrafa Crawford, tan hermosa y tan fácil, volvió a hacerme sentir la llamada de la especie, aunque no con la fuerza de antaño, por motivos biológicos; la elegancia del otro Barrymore, el ladrón, su aristocrática seguridad, despertaron de nuevo mi envidia; la Grusinskaia-Garbo se hacía perdonar cierta superficialidad expresiva por la soberana armonía de su rostro, por su andar, tan añoradamente femenino, por el modo de llevar los tules que la adornaban en su habitación, las pieles que la arropaban al cruzar el vestíbulo.
Cine infantil. Desde la última fila. Fernando Fernán-Gómez.
(Imagen extraída de http://precodeaffair.tumblr.com/)

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