viernes, 30 de julio de 2010

Fragmentos II

Por mucho que mi mente razone que entre nosotros sólo hay neutralidad, mi corazón sabe que jamás neutralidad alguna estuvo tan llena de pasión.
En Grand Central Station me senté y lloré. Elizabeth Smart.
(Traducción: Laura Freixas. Imagen: www.lecturalia.com)

30 de julio

Era guapo, mi Padre Joven, tenía una cara franca y un hermoso cabello rubio. Mira, padre, dije, para ser sincero, no me gustan esas preguntas, estos exámenes, tienes que dejar de aparecer así, cuando te apetece a ti, tienes que dejar de perseguirme. Espera un momento, dijo, estoy aquí porque quiero saber una cosa, quiero saber cómo termina mi vida y tú eres el único que puede saberlo, tú estás en tu presente, quiero saberlo todo hoy, domingo 30 de julio de 1932. ¿Y qué adelantas con saberlo?, dije, no te sirve de nada, la vida es lo que será, no hay nada que hacer, déjalo, padre. No, no, dijo mi Padre Joven, después lo olvidaré todo en cuanto salga de la Pensión Isadora, tengo una muchacha esperándome en la calle de Moeda, en cuanto salga de aquí lo olvido todo, pero ahora necesito saber, por eso estoy persiguiéndote.
Réquiem. Antonio Tabucchi.
(Traducción de Calos Gumpert y Xavier González Rovira. Imagen extraída de www.unesco.org)

jueves, 29 de julio de 2010

29 de julio

Don José María P. y S.
Registrador de la Propiedad Provisional de Córdoba.
Certifico que en vista del precedente oficio de la Auditoría de Guerra de la Segunda División, y para cumplir lo que en el mismo se ordena, he examinado, en lo que ha sido necesario, los libros del Archivo de mi cargo, de los cuales no resulta que don Fernando Ruibal tenga bienes inmuebles inscritos a su nombre.
Y para que conste, en cumplimiento de lo mandado, expido la presente, en este único pliego, en Córdoba, a veintinueve de julio de mil novecientos treinta y siete. II Año Triunfal.
Sin honorarios.
Ceremonia por un teniente abandonado. Fernando Arrabal.
(Fotografía extraída de estudosteatrais.blogspot.com)

miércoles, 28 de julio de 2010

La Divina I


A mis doce años ya había caído yo en el vicio de leer las críticas cinematográficas de los periódicos y estaba algo más informado que mis amigos, que elegían simplemente por los títulos y las fotos de la puerta. Y así, un domingo elegí Grand Hotel porque sabía que acababa de ganar el Oscar. Y me quedé solo. Los demás de mi panda se fueron a la de Tarzán.
Ya era viejo amigo mío Wallace Beery, desde su estremecedor Champ, con Jackie Cooper; también lo era lionel Barrymore; pero el hermano de este último, John, no me caía del todo bien; y Greta Garbo, aunque quizás ya supiese que era "la Divina", me caía francamente mal. A Joan Crawford casi no la conocía más que por fotos de publicidad.
(...)
La angustiada humanidad del oficinista Barrymore me prendió enseguida; la provocativa sexualidad de la mecanógrafa Crawford, tan hermosa y tan fácil, volvió a hacerme sentir la llamada de la especie, aunque no con la fuerza de antaño, por motivos biológicos; la elegancia del otro Barrymore, el ladrón, su aristocrática seguridad, despertaron de nuevo mi envidia; la Grusinskaia-Garbo se hacía perdonar cierta superficialidad expresiva por la soberana armonía de su rostro, por su andar, tan añoradamente femenino, por el modo de llevar los tules que la adornaban en su habitación, las pieles que la arropaban al cruzar el vestíbulo.
Cine infantil. Desde la última fila. Fernando Fernán-Gómez.
(Imagen extraída de http://precodeaffair.tumblr.com/)

28 de julio

Se hablaba allí de viajes prodigiosos, de amores ardientes y generalmente desesperados y de hechos también anodinos, como lo que comió en un restaurante o conversó con un taxista. Pero pronto un detalle me hizo prestar atención. En la página correspondiente al 28 de julio de 1948 decía: "Hoy asistí al sepelio de Ernesto Panclós". El nombre de Ernesto Panclós me era vagamente familiar. Recapacitando pude precisar que tal nombre correspondía al de un amigo común que tuvimos en la infancia. Inmediatamente traté de ubicar a sus familiares, lo que no pude lograr, pero revisando los periódicos de la época comprobé que efectivamente el 28 de julio de 1948 había sido inhumado el cadáver de Ernesto Panclós. Este aserto me intrigó un poco, pero no me curó de cierto escepticismo. Pensé que podría tratarse de una simple coincidencia o de un caso de adivinación no ajeno al temperamento de los artistas. Pero de todos modos quedé preocupado y sólo por el afán de tranquilizarme decidí llevar mis indagaciones hasta sus últimas consecuencias.
Demetrio. Silvio en El Rosedal. Julio Ramón Ribeyro.
(Fotografía extraída de http://www.amautaspanish.com/amautaspanish/culture/literature/writer.asp?CodWriter=12)

viernes, 23 de julio de 2010

Fragmentos I

–En efecto; se me antoja que debe de ser imposible conocer a aquella mujer con quien se convive y que acaba por formar parte nuestra. ¿No has oído aquello que decía uno de nuestros más grandes poetas, Campoamor?
–No; ¿qué es ello?
–Pues decía que cuando uno se casa, si lo hace enamorado de veras, al principio no puede tocar el cuerpo de su mujer sin emberrenchinarse y encenderse en deseo carnal, pero que pasa tiempo, se acostumbra, y llega un día en que lo mismo le es tocar con la mano al muslo desnudo de su mujer que al propio muslo suyo, pero también entonces, si tuvieran que cortarle a su mujer el muslo le dolería como si le cortasen el propio.
Niebla. Miguel de Unamuno.
(Fotografía extraída del blog Poemas del alma)

jueves, 22 de julio de 2010

22 de julio


22 de julio. Mal tiempo durante los últimos tres días. Todos los brazos ocupados con las velas. No ha quedado tiempo para temores. Al parecer, los hombres han olvidado su miedo. El oficial ha recuperado el buen humor, y todos están en buenas relaciones. Elogios a los hombres por el trabajo con mal tiempo. Pasamos Gibraltar y atravesamos el Estrecho. Todo bien.
Drácula. Bram Stoker.

miércoles, 21 de julio de 2010

Susurros I


Se entremezclaban las lenguas, los labios, los dientes, las mejillas, el salitre de las lágrimas, el azúcar de la sangre, el espeluzno de los besos, los microbios de la risa, la luz de la mirada, la hipertensión de los abrazos, los sudores, los humores, los amores.
Las fuentes del Nilo. Fernando Sánchez Dragó.

viernes, 16 de julio de 2010

16 de julio



Germánico me dijo que todo había sido arreglado, y que la ceremonia de esponsales se llevaría a cabo el próximo día fasto... Los romanos somos muy supersticiosos en cuanto a los días. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, librar una batalla o casarse o comprar una casa el 16 de julio, el día del desastre de Alia en tiempos de Camilo. Apenas pude creer en mi buena suerte. Yo temía que me obligaran a casarme con Emilia, una chiquilla afectada y de pésimo temperamento, que imitaba a mi hermana Livila en lo referente a burlarse de mí cada vez que venía a visitarnos, cosa que hacía con frecuencia. Livia insistió en que la ceremonia de los esponsales tenía que hacerse tan en privado como fuese posible, porque no se podía tener la seguridad de que yo no hiciese el tonto si había una multitud presente. Yo también lo prefería así; odiaba las ceremonias. Sólo concurrían los testigos necesarios, y no habría fiesta, sino sólo el habitual sacrificio ritual de un carnero, cuyas entrañas se examinarían para ver si los auspicios eran favorables. Y por supuesto que lo serían. Augusto, oficiando de sacerdote, cuidaría que así fuese, en homenaje a Livia. Luego se firmaría un contrato para una segunda ceremonia, que se realizaría en cuanto yo llegase a mi mayoría de edad, con estipulaciones en cuanto a la dote. Camila y yo nos daríamos la mano y nos besaríamos, y yo le entregaría un anillo de oro, y ella volvería a la casa de su abuelo... con discreción, como había venido, sin séquito ni acompañantes que entonasen canciones.
Yo, Claudio. Robert Graves.